14 enero 2016

El terapeuta y el saco de cemento



Es intenso terapear... es intensa la vida cuando se atiende harta gente que está a su vez, viviendo procesos muy intensos, perturbadores, extenuantes, sofocantes, angustiosos, trascedentales, existenciales... es intenso muy intenso.
Para uno como terapeuta, lo más intenso resulta ser sostener esos procesos. Porque sí, nos pasa que nos remueven cosas de nosotros mismos (y si no es así tienes al frente tuyo a un robot!), nos pasa que nos interpelan, proyectamos nuestras sombras en el otro que estamos atendiendo, nos pasa que a veces nos sentimos inseguros, dudosos, con miedo también a equivocarnos (y que bueno que así sea! nos mantiene humildes y en constante aprendizaje)

Pero sostener los procesos si que es trabajo duro, hay que estar centrada, recursada, alineada como terapeuta para hacer bien ese trabajo cada vez que estás atendiendo... porque sostener un proceso es literal y metafóricamente agarrar toda tu historia como si fuera un saco de cemento y decirte "ya compadre, comadre... pa' donde va con este saco? yo agarro este lado y le ayudo a levantarlo para que no sea tan pesado..." y ahí vamos cada uno agarrando un extremo del saco caminando... a veces se nos cae a ambos, a veces a uno y a veces a otro... a veces necesitamos parar, descansar y luego retomar el camino para llegar a la meta. Y sí, se nos "cae" porque el terapeuta va poco a poco comprendiendo las dimensiones experienciales y estructurales del sentido del sí mismo del otro. Se cae porque no todas las sesiones son reveladoras, no todas necesariamente te van a dejar diciendo "guauuuuu"... algunas te van a hacer llorar!, te vas a conectar con tus peores fantasmas y vas a querer salir corriendo!!!! y a veces dejas el saco en el suelo y corres despavorido! y el saco queda ahí... en el suelo, sin dueño, con alguno que otro hoyo producto del impacto del golpe y el cemento comienza a salir igual... se drena y no es cómodo... puedes tapar nuevamente sí, y eso es cómodo... sanador no mucho, pero cómodo si... y eso no es en nada juzgable, mas bien lo comprendo y lo honro también, no soy distinta a tí, soy otra tu y también me pasa. Y bueno a veces descansamos... hay sesiones lindas, sutiles, bien recursantes, equilibradoras... el cuerpo físico y energético se dan un regalito, nos recargamos de energía o nos liberamos de la experiencia de trauma a través de nuestros más grandes recursos... rico! como un tecito calientito en pleno invierno... descansamos de la intensidad, mas seguimos con el saco ahí ah... y yo y tu seguimos sabiendo que vamos para la meta, y te espero porque estás cansado, y cómo no! Yo también me agoto de mis propios procesos.
Retomamos la senda, la senda del guerrero como dice Lucas Estrella... y nos pesa el saco, y vamos que se puede! sostengo contigo este saco! no a tí, porque mi trabajo es brindarte un espacio donde aprendas a sostenerte con integridad y consciencia... así que en plena senda, a veces no te das cuenta... pero de a poco, con el mayor tino posible, con mucha sutileza, respeto y sintonía... voy soltando el saco... y ni te das cuenta! ya has agarrado el ritmo, un paso firme y cada vez más seguro... el saco ya no pesa tanto... te acostumbraste al peso? mmmm no va por ahí... mas bien dejaste de pensar en todo lo que pesa el saco y te empezaste a focalizar en mantener bien la marcha y para llegar tranquilo y confiado a la meta... y cual es esa meta? Podríamos decir que la gran mayoría buscamos paz mental, sentirnos felices una gran parte del tiempo al menos, sentir plenitud, dicha, volver o aprender a gozar... la felicidad es subjetiva y cada persona tiene metas de superación personal distintas... sin embargo buscar la resiliencia, está intrínsecamente en todos... porque es subsistir, es sobrevivir, es instinto de supervivencia... ya lo decía darwin “no sobreviven los más fuertes e inteligentes, sino los más flexibles y adaptables a los cambios”. 

"La resiliencia no es privilegio de algunos, es una elección de todos" suelo pensar. Ciertamente si las bases de apego de nuestra infancia están endebles, con grietas y muchas veces a punto de desmoronarse... la metáfora del cemento puede mirarse con este prisma también. Toma ese cemento, con o sin ayuda, porque recuerda que siempre te tienes a tí mismo/a, y construye mejores bases... llena los hoyos de cemento, haz nuevamente y con amor y dedicación, una pasta nueva para tapar esas grietas... se puede... pues en la práctica simboliza re-significar la forma en como miro hacia atrás la infancia que tuve.... si elijo sostener ese saco, y hacer nueva pasta con el para llenar esas grietas, ciertamente la forma en como mire mi vida y lo que ha pasado, tendrá nuevos matices y será como esas vasijas japonesas llamadas "Kintsugi" que cuando se rompen las vuelven a armar pegándolas con oro... 
De cierta forma... todos, terapeutas y paz-sientes... somos unos "Kintsugi"....


Pamela Labatut Hernández
Psicóloga Clínica - Psicoterapeuta 
Terapeuta Floral Acreditada AITF
www.psicologiayflores.cl






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