09 mayo 2017

Dejar de ser pareja amorosa cuando sé es pareja parental




Francisca y Leo llegan a mi consulta para poder llegar a ciertos acuerdos con sus hijos luego de poco tiempo de haberse separado. La primera sesión fluye con bastante tensión, el poco tiempo que llevan separados da cuenta de varias heridas que cada uno lleva, cicatrices notorias y otras claramente invisibles al ojo corriente, no así al clínico. Y no es que YO como soy Psicóloga Clínica soy la única que lo puedo ver... es que cuando se trabaja hace casi una década todos los días atendiendo adultos con problemáticas ligadas a crianza y problemas amorosos... hay ciertas cosas que has ido aprendiendo... principalmente porque me declaro adicta a aprender de mí misma y secundariamente porque me gusta muchísimo el lenguaje no verbal.

La pareja comenta la necesidad de llegar a acuerdos luego que habían intentado con consejos, indiferencias, peleas, terapia anterior y no lograban llegar a puerto. Cada uno sostenía estoicamente su postura. Desde el dolor, es lo más lógico, reflexioné para mis adentros... 
A medida que avanzaba la sesión, me iba percatando lo difícil que resulta poder brindar sólo mediación de acuerdos, brindar sólo lo que me están solicitando... cuando claramente hay duelos no resueltos que necesitan sanar PARA que así, se pueda llegar a acuerdos. 

Ese día él se va más contento que ella. Los puntos que no quería transar ella, tampoco los quería debatir, se notaba intensamente afectada y era el lugar menos oportuno para abrir ese proceso, delante de la persona que menos ella se permitiría mostrarse vulnerable. Cuando se van, la abrazo fuerte, la miro... él no lo nota, le digo "te siento"... hazte un cariño éstas semanas, porfavor. Me mira emocionada y se va. 

Lo más complejo de trabajar con parejas es ser 100% equitativa. Que ambos sientan apoyo y a la vez que no me pongo en ningún lugar más que en el otro. Es realmente un trabajo muy intenso para un terapeuta, estar doblemente consciente de las propias pautas y creencias, dejarlas esa hora y media de sesión totalmente de lado (se puede por cierto) y conectar, conectar, conectar. Comprender... unir y encontrar esos lugares comunes, esos puntos de encuentro... esas vivencias que tuvieron ambos que los llevaron en algún minuto de sus vidas a amarse tanto y estar juntos, hacer familia y reirse sin preocupaciones. Eso se puede conectar, para hoy resignificarlos en pro de las necesidades actuales. Pero para eso al menos hay que pasar por el filtro de cómo está cada uno llevando el duelo.
No siempre se necesitan terapias eternas y complejas, millonarias y 3 veces por semana. Sobretodo si te enfocas a detectar los recursos de cada uno, fomentarlos, potenciarlos, darles tareas con esos recursos, y que haya complementos recursantes también... como la terapia floral, el reiki, etc. 
No hay nada más sanador que tu terapeuta te haga sentir efectividad personal... y eso es una de las virtudes más tremendas que he visto en las flores, y me encanta potenciarlas. 
Ésta vez se van sin flores.

Llega la segunda sesión... más intensa aún.. comienzan a salir inevitablemente recuerdos y momentos pasados de la relación... solos, sin pedirle permiso a nadie, sin temor... un ambiente callado y calmado está siendo testigo de aquellas sombras que comienzan a dejar sus mentes y cuerpos... 
Esas vivencias claman liberación... es como si de pronto ya no quisiera que doliera más.... ella se abre... él se sorprende... él le hace una pregunta clave... acompaño suavemente, que ni me vean, pero que sepan que si llegó el momento de sanar, éste es el lugar más seguro para abrir los corazones... se miran a los ojos, uno le pide perdón al otro... mientras lo hace... ojos llorosos comienzan a evidenciarse.... la energía se sigue expandiendo... sigo sosteniendo callada y serena, que ni me vean... que no se distraigan conmigo... de pronto se hace necesaria una pequeña y breve intervención... el que menos sentía que necesitaba sanar comienza a soltar... y suelta suelta y el otro mira... y en esa mirada vuelve a haber amor... no amor de pareja, amor de... empatizo contigo, te veo, al fin veo eso que tantas veces me dijiste y nunca ví... cerramos, nos abrazamos... suspiros varios y gracias de ambos lados... a lo que enfatizo... gracias por confiar... se van agotados y con cierta paz... 

Tercera sesión... escucho risas en mi living mientras termino con una paciente... si, son ellos, ya llegaron.. se están riendo?! Minutos más tarde... salgo de mi consulta y los veo conversando animadamente... era real!
Entran a la sesión y me cuentan que habían ido a mediación. No lograban llegar a acuerdo pero algo pasa... uno dice "no doy más con esta guerra" espera al otro al termina la mediación y comienza la conversación... bajó la guardia... el otro sin darse ni cuenta también inmediatamente la bajó. "Hemos llegado a acuerdo" me contaron al unísono.

La sesión avanza con un optimismo que se palpa en el aire, me emociona y me deja boquiabierta los acuerdos a los que han llegado. Se han enfocado en la solución, ya no son enemigos, sino "colegas" trabajando para el mismo fin, el bienestar de sus hijos y el propio, pues uno no puede brindar una energía de salud mental si no se cuida y se ocupa de sí mismo.

Una separación, (sean matrimonio o no... da igual) cuando se tienen hijos, impacta en nuestra vivencia en todos los niveles: como familia entera, como pareja parental, como pareja amorosa y a los hijos en total y cada uno por separado. Se necesita trabajar en todas esas áreas

La base segura la ponen los padres, la base segura debe trabajar en su propia seguridad como pareja amorosa Y como pareja parental que ya vemos, no es lo mismo. Esta es una historia real, muy recurrente y para beneficio de ellos y de sus hijos, termina bien!, se dieron el tiempo de trabajar en su relación ya no siendo pareja amorosa, sino desde la construcción de la familia como son ahora, padres de los mismos hijos queriendo lo mejor para todos.


Pamela C. Labatut H.
Psicóloga Clínica - Psicoterapeuta
Terapeuta Floral Acreditada - Terapeuta Holística









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